1. Pasamos ahora a la “Aplicación de la Redención”. Aquí nos ocupamos de la obra del Espíritu Santo, quien aplica los beneficios de la obra de Cristo a nosotros individualmente. Dios establece una conexión viva entre la obra salvadora de Cristo y aquellos que son salvos por Cristo. Existe una unión entre la soteriología objetiva: la redención realizada por Cristo, y la soteriología subjetiva: la redención aplicada por el Espíritu Santo.
2. Hay varias bendiciones que recibimos de Cristo por medio del Espíritu Santo. La Biblia nos enseña que Dios no es un Dios de confusión, sino que desea que todas las cosas se hagan apropiadamente y de manera ordenada (1 Cor 14:33,40). Al estudiar nuestra salvación, descubrimos que existe un orden en la manera en que el Espíritu Santo aplica la salvación que Jesús ha logrado para nosotros. El Espíritu no descarga esas bendiciones todas de una vez, como un camión volquete, sino que nos bendice de manera ordenada.
3. La concesión ordenada de la gracia redentora de Dios se llama ordo salutis. Ordo salutis es una frase en latín que significa “el orden de la salvación”. Berkhof, p.415,416: “El ordo salutis describe el proceso por el cual la obra de salvación realizada en Cristo se hace realidad subjetivamente en los corazones y vidas de los pecadores. Su objetivo es describir, en su orden lógico y también en sus interrelaciones, los diversos movimientos del Espíritu Santo en la aplicación de la obra de redención.” Estamos estudiando las diversas bendiciones de la salvación y cómo se relacionan entre sí. Veremos relaciones lógicas, de causa y efecto, y relaciones secuenciales.
4. Nuestra salvación es completa en nuestra unión con Cristo, pero es aplicada y entregada a nosotros en una serie de actos y procesos. Cada aspecto del ordo salutis puede ser estudiado de manera individual, pero todos están unidos por la obra del Espíritu. Experimentamos algunas de estas bendiciones al inicio de nuestra salvación, otras a lo largo de la vida cristiana, y otras nos esperan en la resurrección y en la eternidad. Estas bendiciones nos son dadas conforme a la sabiduría y gracia de Dios para la gloria de Cristo.
5. Como pastores, no solo debemos entender cómo el Señor nos ha salvado, sino que también debemos ser capaces de discernir su trato con otros.
i. Necesitamos discernimiento para distinguir ovejas de cabras y para pastorear sabiamente a las ovejas y llamar a las cabras a convertirse en ovejas. Dios salva a todo tipo de pecadores en todo tipo de situaciones. Los creyentes en nuestras iglesias son todos diferentes. Pero aunque seamos distintos, todos compartimos la misma salvación. El Espíritu aplica la misma redención a nosotros de la misma manera ordenada. Debemos ser capaces de reconocer lo que el Espíritu está haciendo en las vidas de nuestra gente.
ii. Necesitamos discernimiento cuando escuchamos a predicadores y maestros de la Biblia. Cuando escucho predicadores, estoy ansioso por oír su ordo salutis. Si el predicador está confundido o equivocado en su doctrina de la salvación, voy a escucharlo con cuidado.
iii. Necesitamos enseñar a nuestra gente lo que Cristo ha hecho por ellos y lo que el Espíritu hace por ellos y en ellos. Ellos necesitan creer, no solo en Dios el Hijo, sino también en Dios el Espíritu Santo. Necesitan entender la “redención lograda y aplicada.”
6. No existe un solo pasaje en el Nuevo Testamento que presente el ordo salutis completo e íntegro. Sin embargo, podemos reunir un esquema definido al observar las relaciones de las diversas bendiciones de la salvación descritas en varios pasajes.
A. La relación entre el llamamiento, la justificación y la glorificación – Romanos 8:28-30
1. Romanos 8:28-30 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó.
2. Este pasaje nos da el marco en el cual sostener el ordo salutis. Aquí Pablo nos da una visión panorámica de la salvación que abarca la eternidad pasada (conocer de antemano y predestinar), pasando por el presente (llamados y justificados), hasta la eternidad futura (glorificados).
3. Ya hemos tratado el conocimiento previo y la predestinación de Dios. Ahora nos enfocamos en tres aspectos de la salvación que están dispuestos de manera secuencial: primero, el llamamiento (eficaz); segundo, la justificación; y tercero, la glorificación.
4. También se nos informa acerca de la naturaleza de las relaciones entre estas bendiciones de la salvación.
i. En el versículo 28 somos llamados conforme a Su propósito. Somos llamados conforme a la voluntad decretiva de Dios. Su decreto es descrito como presciencia y predestinación. Cuando fuimos llamados, fue conforme al propósito de Dios que nos conoció de antemano y nos predestinó.
ii. En el versículo 29 vemos una amplia visión panorámica de la gracia de Dios que se extiende hacia la eternidad pasada y alcanza hacia la eternidad futura. Vemos tanto el propósito como la meta de nuestra salvación. El propósito de Dios se origina en Su presciencia, Su amor distintivo en el cual, en la libertad de Su voluntad y conforme a Sus buenos y sabios designios, escoge a Sus elegidos en unión con Cristo. Su meta para nuestra redención es que seamos plenamente conformados a Jesús, el primogénito entre muchos hermanos.
iii. Los actos de presciencia y predestinación tienen ambos el prefijo griego pro, lo cual indica que ocurren antes de los actos de llamamiento, justificación y glorificación. Sabemos que la presciencia y el propósito de predestinación de Dios son esenciales a Dios como Dios, es decir, eternos en Él. En otras palabras, aun antes de la creación del mundo, Dios había propuesto nuestra salvación. Nos conoció en amor y nos predestinó, nos eligió en unión con Su Hijo.
iv. En el versículo 30 Pablo describe un orden temporal y secuencial de las bendiciones de llamamiento, justificación y glorificación. Pablo nos informa del método que Dios emplea para llevar a cabo Su meta de conformar a Sus escogidos a la imagen de Su Hijo.
a. Primero, está el decreto eterno y el propósito de Dios, que hemos visto como elección, preordenación, presciencia y predestinación.
b. Después de la predestinación colocamos el llamamiento. La predestinación es antes que el llamamiento.
c. Luego, el llamamiento viene antes de la justificación.
d. La glorificación se ubica al final y es lo mismo que ser conformados a la imagen de Su Hijo (v. 29). La plena conformidad a Cristo sucederá cuando seamos glorificados. Esa es la meta de nuestra salvación: que Cristo sea honrado como el primogénito entre Sus hermanos.
e. Pablo nos presenta una secuencia de bendiciones. Hay bendiciones que ocurren antes que otras y luego vienen las siguientes. También podemos ver una relación lógica y causal. Es lógico que el propósito de Dios preceda a la meta. Aprenderemos que el llamamiento de Dios es “eficaz”; produce o causa ciertos resultados en la persona que es salva.
v. Las bendiciones de Dios son inmensas y maravillosas. Aquí abarcamos la eternidad pasada, pasando por el tiempo presente, hasta la eternidad futura. Vemos progresión, secuencia, disposición, orden. Romanos 8:28-30 nos da un esquema amplio, un marco básico sobre el cual construir un ordo salutis bíblico.
5. Así que tenemos los primeros tres puntos de referencia con los cuales comenzar a construir el ordo salutis en el tiempo, en nuestra experiencia de la salvación. Comienza con el acto de Dios al llamarnos; después vemos el acto de Dios al justificarnos; y al final vemos Su acto de glorificarnos. Este es un orden básico y esquelético: llamamiento (eficaz) – justificación – glorificación.
i. Nos estamos enfocando en nuestra experiencia de la salvación, nuestra experiencia de ser salvos por el Espíritu.
ii. Debemos entender que debajo de nuestra experiencia, antes de nuestra experiencia, Dios estaba y está obrando eternamente según Su propósito, habiéndonos conocido de antemano, predestinado, elegido y escogido en Cristo. Cuando experimentamos la salvación, sabemos, por lo tanto, que la razón por la cual estamos siendo salvos es porque Dios quiso nuestra salvación, porque Él puso Su amor sobre nosotros. “La salvación es del Señor.”
B. La relación entre el llamamiento y la regeneración
1. En nuestra Confesión, la regeneración (el nuevo nacimiento) se confiesa en el capítulo 10: “Del Llamamiento Eficaz.” Entre los teólogos se discute si el llamamiento viene antes de la regeneración o si la regeneración viene antes del llamamiento. En cualquier caso, se reconoce que Dios es quien inicia nuestra experiencia de salvación. Lo crucial que debemos ver, para estar protegidos del arminianismo, es que el llamamiento y la regeneración preceden a la fe. Antes de que podamos responder en fe, debemos ser llamados y hechos vivos por el poder soberano y la gracia de Dios mismo.
2. El llamamiento de Dios ocurre por medio de la Palabra de Dios. Él nos llama con palabras, con palabras del evangelio, palabras de la Biblia. Más adelante estudiaremos el llamamiento eficaz con más detalle. Algunos teólogos sugieren que primero somos regenerados, hechos vivos, y luego oímos el llamamiento del evangelio de Dios. Yo voy a proponer que el llamamiento de Dios precede a nuestra regeneración. La Palabra de Dios nos da vida.
3. Para nuestros propósitos en este punto, al construir la estructura de nuestro ordo salutis, debemos notar la estrecha relación entre el propósito eterno de Dios y Su llamamiento hacia nosotros.
i. 2 Timoteo 1:8-9: “Por tanto, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, su prisionero; antes bien, participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según Su propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.”
ii. 1 Corintios 1:9: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”
4. Aquí se enfatiza al Padre. Su amor es el fundamento de todo el proceso de la salvación. Es el Padre quien envió a Su Hijo para cumplir nuestra salvación. Es el Padre quien nos llama mientras el Espíritu aplica la salvación en nosotros. Nuestra salvación está enraizada en el amor de nuestro Padre, quien actúa primero y nos salva mediante la obra de Su Hijo y Su Espíritu. Si asociamos el propósito de Dios con la persona del Padre, podemos ver entonces que somos llamados conforme a Su propósito y que nuestro llamamiento proviene de nuestro Padre. Él toma la iniciativa. Él se mueve hacia nosotros para salvarnos. Él nos ama y Su amor se demuestra en Jesús y en Su Espíritu.
5. Aquí entonces están los bloques fundamentales de nuestro ordo salutis. Si estamos de acuerdo en que el llamamiento viene antes que la regeneración, entonces tenemos el siguiente orden: llamamiento, regeneración, justificación, glorificación.