Dr. Alan J. Dunn
Escribo para que sepas cómo uno debe conducirse en la casa [hogar] de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, la columna y sostén de la verdad [1 Timoteo 2:15].
Pablo nos da una definición profunda y centrada en Dios de la iglesia como la casa [hogar] del Dios viviente.
El Dios viviente es el Dios verdadero cuya revelación de Sí mismo es la verdad. Pablo nos informa que la iglesia es la columna y el sostén de la verdad.
Pregunta: “¿Qué colapsa si y cuando la iglesia falla en ser la columna y el sostén?” El título de este artículo ya provee la respuesta a mi pregunta. La verdad.
La Iglesia: El apoyo fundamental de la verdad
Una columna y sostén es aquello que sostiene un edificio, su fundamento. Pablo imagina un edificio erigido sobre un fundamento. El edificio es la verdad, y el fundamento es la iglesia. La verdad requiere un fundamento si ha de ser erigida entre los hombres. Sin la iglesia, la verdad colapsa y los hombres se encuentran a sí mismos en una situación descrita en Isaías 59:14-15a,
La justicia se volvió atrás, y la rectitud se mantiene lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no puede entrar. Sí, la verdad falta.
Nota, sin embargo, que Pablo habla de “la” verdad, no “una” verdad, o “mi” verdad, o “algo” de la verdad, sino “la” verdad. ¿Tiene el cristianismo bíblico algo verdadero que decir sobre “los temas candentes de nuestros días” como la evolución, el aborto, la disolución de la familia, etc.? Sí. Una cosmovisión bíblica nos posiciona para acercarnos al espectro completo del conocimiento en el temor de Dios, desde el punto de vista de la sabiduría. Soy firmemente pro-vida y pro-creacionismo. Creo que la verdad de la revelación verbal de Dios no entra en conflicto con la verdad de la obra de creación de Dios. Pero ¿es la iglesia la columna y el sostén del movimiento pro-vida o de la ciencia-creacionista? Pablo dice que la iglesia es la columna y el sostén de LA verdad.
La verdad concerniente a Jesucristo
La verdad implica verdad confesional, doctrinal, concerniente a Jesucristo. Esto es evidente en que tan pronto Pablo escribe las palabras la verdad, lo que el Espíritu trae a su mente es probablemente una antigua confesión eclesial de cristología [v.16].
Por confesión común, grande es el misterio de la piedad:
Él, quien fue manifestado en carne, fue vindicado en el Espíritu,
Visto por los ángeles, proclamado entre las naciones,
Creído en el mundo, recibido arriba en gloria.
La verdad acerca de Jesucristo se articula en estos tres pareados confesionales. Cada pareado expresa sucintamente un aspecto de la cristología doctrinal que abarca desde la encarnación de Jesús hasta Su exaltación.
Pero afirmar que la verdad es cristológica es situar la verdad en el mismo Jesucristo, quien es el camino, la verdad y la vida [Juan 14:6]. La verdad es confesada en afirmaciones proposicionales acerca de Jesús. La verdad es personal y viva. Confesamos la verdad del Dios viviente que es el Señor Jesús encarnado, resucitado, exaltado y vivo. La iglesia es la columna y el sostén de la verdad tal como está en Jesús [Efesios 4:21], en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento [Colosenses 2:3]. La iglesia es la columna y el sostén de la revelación de Dios en Jesucristo. Sin la iglesia, la verdad de la Palabra de Dios concerniente al evangelio de Dios colapsará.
La verdad concerniente al Espíritu Santo
La verdad sostenida por la iglesia no solo concierne a la persona y obra de Dios el Hijo, sino también a la persona y obra de Dios el Espíritu. El evangelio proclama las buenas nuevas de que el estatus legal de los pecadores arrepentidos y creyentes es cambiado en la corte del cielo porque somos gratuitamente justificados solo por gracia, solo por fe, solo en Cristo. También son buenas nuevas que, en unión con Cristo, se nos ha dado el don del Espíritu, quien, habiéndonos regenerado, mora en nosotros y efectúa nuestra maduración en gracia y santidad. Cristo no solo cambia nuestro estatus legal en Su presencia, Él también nos cambia por la presencia y poder del Espíritu. Él está obrando en nosotros, liberándonos del poder de nuestro pecado, realmente cambiándonos y conformándonos a la semejanza del mismo Cristo. La idea de ser cristiano y aún estar esclavizado a nuestro pecado no es “buenas noticias”. ¡Gracias a Dios por el don del Espíritu Santo!
La iglesia funciona como la columna y el sostén de la verdad tal como está en Jesús porque la iglesia es habitada por el Espíritu Santo, quien nos une al Jesús vivo y nos habilita a vivir en Él y para Él. La doctrina y vida que glorifican a Cristo en la iglesia son esenciales si vamos a sostener la verdad como columna y sostén de la verdad. Si la iglesia no es doctrinalmente sana y vivamente unida a Jesucristo, la verdad se desmoronará y colapsará. Es como la iglesia de Cristo que funcionamos como la columna y el sostén de la verdad. La integridad y promoción de la verdad dependen de la ortodoxia y ortopraxis de la iglesia. Si vivimos en un día en que la verdad ha tropezado en la calle, estamos obligados por 1 Timoteo 3:15 a inquirir acerca de la fortaleza de la columna y el sostén de la verdad.
Convicciones que confiesan la verdad
La verdad requiere una comunidad de discípulos comprometidos que la confiesen y proclamen. Podemos tener profundas convicciones personales como discípulos individuales, pero nos necesitamos mutuamente si vamos a ser efectivos en erigir el edificio de la verdad en nuestra generación. La verdad necesita a la iglesia para ser su columna y sostén.
Sin una audiencia de aquellos que conocen a Dios… la teología muere tan ciertamente como el arte muere en ausencia de amantes del arte. Y la iglesia debería ser esta audiencia… La pregunta, por lo tanto, es si la Iglesia tiene una mente para la teología… No puede haber teología digna de ese nombre que no sea una teología para la Iglesia, una teología en la que la Iglesia participe activamente, en la que se entienda a sí misma como la auditora principal de la teología. La Iglesia es el lugar donde el conocimiento bíblico debe ser aprendido, desarrollado y aplicado. La Iglesia es el contexto en el cual Dios y Su Palabra deben recibir su pensamiento más serio.
[David Wells, No Place for Truth (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1993), 291-2913].
Una iglesia que permite que su verdad confesional y doctrinal sea comprometida es una iglesia que vivirá en una cultura en la cual la verdad ha tropezado en la calle.
Conducta que se conforma a la verdad
Pablo escribe para que sepas cómo uno debe conducirse en la casa de Dios [1 Timoteo 3:15]. El término “conducirse” abarca la totalidad de la vida del creyente. Nuestra unión con Cristo se vive en nuestra unión con los hermanos de Cristo. Llevamos el nombre de Cristo en cada aspecto de nuestras vidas. Es como la iglesia de Cristo que aprendemos de Él, y somos progresivamente transformados a Su semejanza mientras el Espíritu hace efectivos en nosotros los medios de gracia. La Palabra de Dios nos capacita para servir a Cristo fielmente en todas nuestras mayordomías y en las prácticas de la vida.
Así como Jesús es la verdad, nosotros también hemos de ser encarnaciones de la verdad. Nuestra integridad y piedad personal, nuestros matrimonios y vida familiar, nuestra ética de trabajo, nuestra ciudadanía civil —todas las esferas de la vida son vividas bajo el señorío del Rey Jesús, a quien servimos juntos como Sus súbditos, Su iglesia.
La verdad debe ser conocida. La verdad es Jesús. Conocemos a Jesús por el Espíritu de verdad [Juan 16:13] porque el Espíritu es la verdad [1 Juan 5:7]. La verdad debe ser vivida. Hemos de practicar la verdad [1 Juan 1:6]. La iglesia es la columna y el sostén de la verdad.
Contrarresta el colapso de la verdad con un compromiso eclesiástico bíblico
Si la nuestra es una época de amplia confusión acerca de la verdad, eso es un síntoma de compromiso eclesiástico comprometido. Cuando nuestro compromiso eclesiástico es comprometido, la verdad es puesta en peligro.
La Escritura no conoce a ningún discípulo creyente profesante de Jesús que viva desconectado de la comunidad local de sus compañeros discípulos. En el Nuevo Testamento, ser cristiano es ser un hombre de iglesia. Como comunidad de discípulos de Jesús, se nos ha confiado la Palabra de Dios, la adoración de Dios y el bienestar del pueblo de Dios. ¡El Dios viviente, el Cristo resucitado, mora en medio de nosotros! Cuando vivimos como comunidades de verdad y amor, proclamaremos el evangelio de Dios y santificaremos el nombre de Dios.
¿Cómo podemos detener la marea de la confusión moral y teológica tan invasiva de hoy? Resuelve conducirte como la casa [hogar] de Dios, la iglesia del Dios viviente. Sé un comprometido hombre de iglesia, una piedra viva vital en la columna y el sostén de la verdad. Sé sal y luz en esta generación engañada. Vive una vida de verdadero amor en un tiempo cuando la iniquidad aumenta y el amor de muchos se enfría. Declara y demuestra la verdad como la casa de Dios, la iglesia del Dios viviente, la columna y el sostén de la verdad.