La reforma bíblica debe continuar.
Proverbios 4:23 nos advierte:
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida.
Salomón continúa en los versículos 24-27 haciendo referencia a las acciones de la boca y los labios, los ojos y los pies, advirtiendo de la facilidad con la que pueden caer en el pecado.
Jeremías 17:9 nos advierte de lo engañoso que es el corazón humano. Las vidas de David y Salomón (y de muchos otros hombres en las historias bíblicas) nos muestran lo fácil que es desviarse por caminos no bíblicos.
En Éxodo 32, leemos el trágico ejemplo de los hijos de Israel. Después de que Dios obrara la milagrosa liberación de la esclavitud egipcia, incluso mientras Dios estaba dando su ley a Moisés en el monte Sinaí, pronto se volvieron a la adorar ídolos.
No sólo Aarón, el líder, accedió a los deseos del pueblo, sino que proclamó una fiesta para Jehová (Éxodo 32:5). No sólo se ofrecieron sacrificios a un ídolo, sino que el pueblo, después de la fiesta, se levantó a regocijarse, o para divertirse (Éxodo 32:6). Esta diversión incluía cantar (Éxodo 32:18) y bailar (Éxodo 32:19).
¿Era esta divertida fiesta agradable a Jehová, en cuyo nombre se llevaba a cabo? ¡Para nada!
¿Por qué no? Éxodo 32:8 nos lo resume de esta manera:
Pronto se han apartado del camino que yo les mandé;
El pueblo llamado por Dios había “reformado” sus caminos en la dirección equivocada, apartándose de la Palabra de Dios, yendo en pos de sus propios deseos y elecciones.
Ahora necesitaban una reforma verdaderamente bíblica, una reforma como la del Salmo 119:59-60. Necesitaban considerar sus caminos y volver sus pies a los testimonios de Dios, para guardar Sus mandamientos.
La palabra “pronto” es particularmente relevante aquí. En Éxodo 32:8, Dios le dice a Moisés:
Pronto se han apartado del camino que yo les mandé.
De manera similar, leemos en Gálatas 1:6 que Pablo más tarde se maravilló de que las iglesias de Galacia se hubieran alejado tan pronto del Evangelio.
Es algo asombroso y peligroso la tendencia engañosa del corazón humano a apartarse de la Palabra de Dios, incluso en aquellos que han sido salvados de sus pecados por medio del arrepentimiento y la fe solamente en Cristo.
Los cristianos esperan con ansias la purificación final del pecado en el cielo; pero, mientras vivamos en esta tierra, debemos involucrarnos continuamente en hacer una reforma bíblica, tanto individual como colectivamente.
Esto ha sido cierto para la iglesia de Cristo a lo largo de los siglos. La reforma bíblica debe continuar hasta que Cristo regrese. En ningún momento la iglesia puede detenerse y decir: “lo hemos logrado. Hemos llegado. No necesitamos ir más lejos”.
En cierto sentido, todos los cristianos y todas las iglesias, en todas las épocas, deben esforzarse por obedecer todo lo que Cristo ha ordenado, como leemos en Mateo 28:20.
También es cierto que hay áreas específicas de debilidad que requieren una atención especial en un momento y lugar determinados. En el siglo XVI, era necesario recuperar y proclamar algunas de las doctrinas fundamentales del Evangelio. En otros momentos, una ortodoxia muerta y un formalismo eran un mal particularmente prevalente que debía contrarrestarse.
Durante el siglo XX, un popular liberalismo religioso y el “modernismo” negaban que Cristo fuera verdaderamente Dios y negaban los milagros de la Biblia. Mientras tanto, muchas iglesias evangélicas, aunque se resistían enérgicamente al liberalismo religioso, cayeron en una perspectiva centrada en el hombre en lo referente a la salvación. Sutiles influencias como la de la “fe fácil” y el pragmatismo se infiltraron en el contenido de muchos ministerios de enseñanza y predicación; y diversas tradiciones evangélicas extrabíblicas se convirtieron en la norma en muchas iglesias.
Durante las últimas décadas, Dios ha llevado a muchos a redescubrir, e incluso a abrazar, algunas de las principales perspectivas bíblicas centradas en Dios reconocidas por los reformadores protestantes y los puritanos, perspectivas que a menudo identificamos como las doctrinas de la gracia.
Sin embargo, una aceptación intelectual de estas doctrinas centradas en Dios que son bíblicamente precisas, así como su proclamación enérgica y sin vergüenza, no garantizan por sí mismas la comprensión de las implicaciones de tales doctrinas, ya que estas deben afectar el corazón y la conducta.
Además, hacer énfasis en las emociones (quizás en un intento sincero y bienintencionado de contrarrestar la ortodoxia muerta y el formalismo) no es lo mismo que tratar bíblicamente el corazón y la conducta.
El corazón es mucho más que meras emociones. A lo largo de las Escrituras, Dios asocia la verdad a la mente, pero también emite mandamientos e instrucciones autoritativas a la voluntad, basadas en esa verdad. Algunos se han referido útilmente a estas verdades y mandamientos como los indicativos e imperativos del Evangelio.
A menudo, diversas emociones acompañan la recepción de estos indicativos por parte de un individuo, así como su obediencia a los imperativos. Lo vemos particularmente en los Salmos. Allí leemos, de diversas maneras, sobre el dolor, la alegría, la satisfacción, la ira, la tristeza, la esperanza, el desánimo, el miedo y la confianza. La lista parece interminable.
Sin embargo, aunque nuestra recepción de la Palabra de Dios y nuestra obediencia a Sus mandamientos pueden estar impregnadas por emociones apropiadas, no son esas emociones las que deben determinar nuestra conducta. La verdad de Dios (los indicativos bíblicos) y Sus mandamientos (los imperativos bíblicos) deben determinar nuestra conducta, así como determinar qué emociones son apropiadas para acompañar nuestra comprensión de Su verdad y nuestra obediencia a Sus mandamientos.
Además, el emocionalismo y el formalismo no son necesariamente excluyentes entre sí. Es posible participar en sucesos y experiencias religiosas que han sido diseñados para expresar y provocar emociones; siendo probable sentir y expresar emociones fuertes durante tales eventos o experiencias, sin que la verdad o los mandamientos bíblicos causen una impresión significativa o tengan un efecto determinante en la mente, la conciencia o la voluntad.
Las emociones que tenemos, o las emociones que creemos que debemos llegar a sentir, no determinan qué verdad debemos creer, ni cuál debe ser nuestra conducta.
En Éxodo 32:1-6, los hijos de Israel evidentemente se impacientaron y se inquietaron mientras esperaban el regreso de Moisés. Consideraron que su demora era excesiva. Sus quejas, junto a su conducta en respuesta a esta demora, sugieren que estaban aburridos y ansiaban emoción.
Independientemente de cómo describamos sus emociones, sus acciones posteriores demuestran que deseaban realizar una adoración que incluyera ceremonias religiosas (sacrificios), junto con banquetes, cantos y bailes. Querían una celebración religiosa. Sus emociones (o las emociones que buscaban inspirar) y sus deseos determinaron sus acciones.
Aarón permitió que las emociones y deseos de ellos determinaran su propia conducta como su supuesto líder al establecer lo que él llamó fiesta para Jehová (Éxodo 32:5). Sin embargo, esta fiesta no agradó a Aquel a quien estaba nominalmente dedicada.
Dios acusó al pueblo de corrupción (Éxodo 32:7). Definió o describió su corrupción como apartarse del camino que Él les había mandado (Éxodo 32:8). Sus mandamientos deberían haber controlado su entendimiento, su comportamiento y también sus emociones y deseos. En cambio, sus emociones y deseos controlaron su comportamiento y, en particular, su forma de ofrecer adoración profesada a Jehová, el Señor.
Si alguna iglesia quiere glorificar a Dios en esta generación, cumplir su función como columna y baluarte de la verdad, y ser un instrumento poderoso en las manos de Dios para establecer y mantener la verdadera religión de Dios en la tierra, cada uno de sus miembros debe participar en la obra de reformar su vida personal, familiar y eclesiástica de acuerdo con la Palabra de Dios.
Debemos considerar si estamos socavando o negando la verdad, o algún aspecto de ella, no sólo con lo que decimos, sino también con lo que hacemos.
Si al estudiar y aplicar fielmente la Palabra de Dios descubrimos que nos hemos desviado de algún aspecto de la verdad, o de la obediencia a algún mandamiento, debemos volver al camino señalado por la Palabra de Dios. Debemos involucrarnos en una obra de reforma bíblica.
La reforma bíblica en la iglesia nos llevará a cambiar los cultos de adoración en los que hay muchas canciones, pero poca predicación; mucha emoción, pero poca enseñanza de la verdad. En cambio, debemos tener cultos de adoración en los que se adore a Dios como Él ordena en Su Palabra, y que Dios sea el foco de atención: nos centramos en Dios, en Su gloria, en Su persona, en Sus obras, en Sus mandamientos.
Necesitamos un ministerio fiel que nos lleve a postrarnos ante Dios en busca de misericordia por medio de Cristo, y que nos enseñe la forma bíblica de vivir de manera que le agrademos.
El hecho de que hayamos sido capacitados para obrar una reforma en cierta área no significa que sea fácil mantenerla. Requerirá una vigilancia espiritual constante. Costará lágrimas y oraciones, sufrimiento y sacrificio.
Puede que nos cueste amigos y popularidad. No es probable que atraigamos a multitudes de miembros y visitantes a nuestras iglesias. Sin embargo, cuando las vidas se reforman según la Palabra de Dios, por el poder del Espíritu Santo, no sólo podremos agradar y glorificar a Dios: las personas que nos rodean podrán ver el poder del Evangelio. Será evidente que esto no es un juego: es una realidad. Cristo realmente salva.
El Evangelio es poder de Dios (Romanos 1:16) para salvar almas; y, cuando nos lo tomamos en serio y lo aplicamos a nosotros mismos y a nuestra vida eclesiástica, estamos mostrando al mundo que esto es cierto.
Adaptado de un sermón predicado por el pastor Eugenio Piñero en la Iglesia Bautista Reformada de North Bergen, Nueva Jersey. Las citas bíblicas son de la Versión Autorizada, con énfasis añadido.
Eugenio Piñero se graduó de Northeastern Bible College en Essex Fells, Nueva Jersey (EUA), en el año 1976. Durante sus estudios conoció la Iglesia Trinity Baptist Church de Essex Fells (luego Montville), Nueva Jersey, de la que más tarde pasó a ser miembro. En octubre de 1977 fue llamado para servir como pastor de la Primera Iglesia Bautista de Hoboken, NJ, ahora conocida como Iglesia Bautista Reformada de North Bergen.
Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios. Me apresuré y no me retardé en guardar tus mandamientos. Salmo 119:59-60