Aula Virtual

¿Siempre reformándose? II

La reforma bíblica se extiende a la conducta.

Ciertamente, como individuos y como iglesias, debemos examinar continuamente lo que creemos y declaramos (públicamente y en privado, cuando hablamos, escribimos y cantamos) comparando todo con el estándar que nos da la Palabra de Dios, para asegurarnos de que nuestras creencias y declaraciones estén en conformidad con la verdad revelada por Dios.

Sin embargo, la reforma bíblica es incompleta si solamente produce creencias y declaraciones correctas, incluso cuando estas surgen de corazones sinceros, puros y bien intencionados.

Si creemos sinceramente en la verdad bíblica que declaramos, esta verdad debe gobernar inevitablemente nuestra conducta, nuestros hábitos y nuestras prácticas. La carta de Pablo a la iglesia en Galacia nos ofrece un ejemplo llamativo de esto. En Gálatas 1:6-7, el apóstol reprende duramente a los gálatas por haber cambiado su «evangelio».

Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.

No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.

En Gálatas 3:1, 3 y 5:7-8, vemos que su perversión de la verdad era una cuestión de conducta, de práctica, una cuestión de desobedecer a la verdad.

¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?

… ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?

…Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?

¿Qué había sucedido?

Los expertos religiosos habían llegado a Galacia con un nuevo énfasis, una nueva versión del Evangelio, con un matiz particular, diferente a lo que Pablo había enseñado.

Este matiz era una cuestión de conducta, una conducta identificada con la práctica de la circuncisión, pero una conducta que Pablo condenaba por ser alarmantemente incompatible con el Evangelio del Cristo crucificado.

No sólo los cristianos de Galacia habían sido desviados hasta negar el Evangelio por medio de su conducta; el apóstol Pedro se vio igualmente afectado, como nos dice Pablo en Gálatas 2:11-16:

Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar.

Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión.

Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.

Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos:

Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?

Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

La conducta de Pedro negaba una doctrina fundamental del Evangelio: la doctrina de la justificación. (¿Quién habría esperado tal cosa de un apóstol?)

Pedro no había atado cabos entre sus acciones y las implicaciones de estas. Había permitido que la presencia, la influencia y la presión de las «celebridades» de su época nublaran su entendimiento y lo intimidaran, hasta el punto de apartarse de los creyentes gentiles.

No se dio cuenta de que, al participar con un grupo marcado por ciertas prácticas religiosas (los de la circuncisión), se estaba apartando de una doctrina fundamental del Evangelio: la justificación solamente por la fe, no por las obras.

El texto nos dice que él tenía miedo de los de la circuncisión lo que parece ser el motivo de su alejamiento de los identificados como gentiles.

Quizás le preocupaba que si no estaba de acuerdo con los de la circuncisión pudiera cerrársele una puerta al ministerio (o perder influencia). Después de todo, incluso el propio Pablo había reconocido (como leemos en Gálatas 2:7) que Dios le había dado a Pedro un ministerio para llevar el evangelio a los de la circuncisión (los judíos), así como había enviado a Pablo a los gentiles.

Por lo que sabemos, Pedro no predicaba un evangelio de la circuncisión. Sin embargo, en la práctica, se asociaba públicamente con personas cuya conducta promovía este evangelio diferente. Al asociarse públicamente con ellos, negaba una verdad fundamental del Evangelio.

Por muy buenas que fueran sus intenciones, en lugar de influir en ellos con el Evangelio, estaba permitiendo que ellos influyeran en él y en su conducta. Peor aún, les estaba ayudando y colaborando en su influencia perjudicial sobre los demás: su participación pública con ellos servía como una ratificación implícita a su falso evangelio y conducta.

La elección de Pedro de sus compañeros de mesa podía parecer fácilmente una cuestión secundaria para él. Sin embargo, Pablo vio lo que Pedro había pasado por alto: las implicaciones de la conducta de Pedro no eran menores: negaban la justificación sólo por la fe.

Agobiado por esta preocupación debido a la conexión inevitable entre el Evangelio y una conducta apropiada, Pablo aparentemente se dio cuenta de que su silencio pudiera implicar su consentimiento. Según su propio testimonio, reprendió a Pedro de inmediato, e incluso públicamente (delante de todos, Gálatas 2:14).

Pablo pudo haber corrido el riesgo de ser malinterpretado, denunciado y marginado, como alguien que perturbaba y se oponía a la unidad, la paz y el avance de la iglesia. A pesar de este riesgo, guiado por el amor al Señor y a Pedro, Pablo actuó con Pedro como Natán había actuado con David. Llamó a Pedro a una reforma bíblica: un cambio de conducta, un retorno a los caminos bíblicos.

La fidelidad de Pablo hacia Pedro en este aspecto quedó registrada en las Escrituras y fue uno de los medios que Dios usó para que pudiésemos hoy, dos milenios más tarde, comprender una verdad fundamental del Evangelio, proclamarla con precisión y vivir de acuerdo con ella.

Si un apóstol, en un momento de debilidad, pudo ser engañado para llegar a negar una verdad fundamental del Evangelio por su conducta, ¿quiénes somos nosotros para suponer que, como pastores, miembros de la iglesia e individuos, no podemos ser engañados?

En el siglo XXI, seguimos corriendo el peligro de negar y socavar la verdad, no sólo por lo que decimos o predicamos, sino por lo que hacemos y por las prácticas que parecemos aceptar. Es fácil perder de vista la conexión inevitable entre la verdad y la conducta. Entre las poderosas fuentes de distracción se encuentran nuestras propias buenas intenciones, nuestra falta de discernimiento, la presión de nuestros amigos, nuestra corrupción remanente, el temor natural al hombre o el miedo a perder influencia.

Sin embargo, por nuestras prácticas en asuntos aparentemente menores, e incluso por nuestra comunión con otras personas involucradas en prácticas que pueden parecer insignificantes, podemos estar negando las mismas doctrinas que buscamos promover, incluso la justificación sólo por la fe, la gloria sólo a Dios, o algunas de las otras doctrinas clave redescubiertas en la Reforma del siglo XVI.

¡Cuán necesario es que busquemos continuamente examinar nuestros corazones, nuestras conversaciones y nuestras prácticas a la luz de las Escrituras, para ver si nos hemos desviado, o si estamos a punto de desviarnos, de la verdad!

Entrada anterior
Entrada siguiente

Artículos Recomendados

La Academia Pastoral presenta esta serie de artículos destinados a fortalecer la formación bíblica y ministerial de quienes sirven al Señor, ofreciendo reflexión teológica, orientación práctica y fidelidad a las Escrituras para edificar a la iglesia y apoyar el crecimiento de pastores, líderes y creyentes; que estos recursos sean de bendición y guía en el desarrollo del llamado que Dios ha puesto en sus vidas.

Artículos recientes

  • All Posts
  • Teología Pastoral
  • Varios

V. Mezcla de Teorías Debe tenerse en cuenta que los adeptos de estas dos clases de teorías no son muy...

Un término que designa en sentido amplio un gran conjunto de teorías que coinciden en sostener que los seres humanos...

Podcast Academia Pastoral

Temas

Tags